OPINIÓN: La expansión urbana hacia el Bosque Panul atenta contra el bienestar de la población de la Región Metropolitana

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Es necesario empezar a abortar la idea de que las ciudades son el centro del territorio, ya que son solo un componente más dentro de él. Ante los efectos del cambio climático, la implementación de ordenamiento territorial se torna una urgencia para asegurar el funcionamiento de las cuencas hidrográficas frente a la sequía, y eso se puede favorecer mediante la protección de los ecosistemas nativos.

Recientemente, un medio de prensa denunció la preocupante situación de uno de los últimos bosques urbanos de la Región Metropolitana. La inmobiliaria Gesterra, propietaria del fundo que delimita al Bosque Panul, presentó en enero un proyecto de subdivisión que hoy se encuentra en trámite en la Dirección de Obras de la Municipalidad de la Florida. Esta subdivisión podría ejecutarse sin problemas al estar en sincronía con el actual Plan Regulador de la Florida. Es decir, producto de los intereses de privados y la permisividad y obsolescencia de instrumentos de planificación territorial, tarde o temprano la urbanización del Bosque Panul será un hecho.

Esta lamentable situación es repetitiva en muchas partes de Chile. Como país continuamos una lógica de desarrollo equivocada, sin muchos cuestionamientos sobre los resultados obtenidos y con un nulo interés en que exista una planificación territorial que establezca límites a la expansión urbana, la que atenta contra ecosistemas nativos que son vitales para nuestra sobrevivencia en un escenario de cambio climático. Sin embargo, pareciera ser que el cambio climático y sus efectos fueran solo una ilusión, que las ciudades son el centro del territorio y los ecosistemas están ahí solo para adornar el paisaje. Ante esto, considero necesario resaltar algunos aspectos que deben llevarnos a pensar lo negativo que puede ser que un bosque nativo como el Panul sea afectado por la urbanización.

Cuando se deforesta bosque nativo para instalar un complejo de viviendas en espacios más naturales (las que dudosamente tienen por objetivo sacar a las personas que viven en campamentos), lo que se está haciendo es reducir la capacidad descontaminadora en las ciudades, en especial en aquellas declaradas como saturadas de contaminación atmosférica. Cabe señalar que Chile alberga 12 de las 15 ciudades con más contaminación del aire de América Latina y el Caribe, siendo Santiago una de ellas.

La expansión urbana a ambientes naturales también aumenta el riesgo de incendios por cercanía de más casas con vegetación aledaña, en especial en aquellas zonas donde han disminuido abruptamente las precipitaciones. En zonas precordilleranas se expone a la población al riesgo de verse afectadas por eventos climáticos extremos como inundaciones, aluviones y derrumbes, como también existe riesgo de que se produzca invasión de especies exóticas a ambientes nativos y traslado de fauna nativa a ambientes urbanos.

Uno de los aspectos más preocupantes que ha sacado a la luz la crisis sanitaria es la salud mental, y con ello, la relevancia de las áreas naturales en la ciudad. Desde 1982, en Japón se promueve el “Shinrin Yoku” (baños de bosques) como una terapia de reconexión consciente con la naturaleza, por los beneficios que produce sobre la salud física, mental y emocional de las personas. Diferentes estudios científicos han podido determinar que los bosques liberan compuestos volátiles que son capaces de matar e inhibir el desarrollo de microbios patógenos, y aumentar el número y actividad de células humanas defensivas que protegen de enfermedades infecciosas. En el año 2020 se presentaron los resultados de un estudio internacional que evaluó los efectos de la pandemia COVID-19 sobre el uso y las percepciones de los espacios verdes en ciudades. Los resultados mostraron que los residentes urbanos normalmente necesitan un área verde accesible, principalmente para el ejercicio físico, relajarse y observar la naturaleza. En el aislamiento por el COVID-19, la naturaleza ha sido tremendamente importante para proporcionar lugares de consuelo y respiro, y para permitir el ejercicio y relajación.

Teniendo en consideración la importancia de la naturaleza en el espacio urbano, y la contribución que realiza a nuestro bienestar, ¿Es correcto que exista un cambio de uso de suelo en el Bosque Panul para únicamente beneficiar a privados?, ¿Qué autoridades serán las que responderán por la pérdida de servicios ecosistémicos que afectarán a toda la RM?, ¿Deberá Chile omitir de su Agenda de Desarrollo Sostenible 2030 los objetivos N°3, 11,13 y 15 al no ser consecuente con sus acciones?, ¿Será una buena solución empezar a exigir la expropiación ante la incertidumbre de la permanencia de ecosistemas que son claves en el bienestar común? Todas estas son preguntas que no deben dejarnos indiferentes y pasivos en un año lleno de elecciones. Se debe identificar a quienes están respondiendo a estas interrogantes, y por supuesto, actuando.

Ante un incipiente proceso constituyente, también es necesario empezar a abortar la idea de que las ciudades son el centro del territorio, ya que son solo un componente más dentro de él. Ante los efectos del cambio climático, la implementación de ordenamiento territorial se torna una urgencia para asegurar el funcionamiento de las cuencas hidrográficas frente a la sequía, y eso se puede favorecer mediante la protección de los ecosistemas nativos.

Esta discusión es necesaria para que se desarrollen políticas públicas efectivas y herramientas vinculantes de planificación territorial, en especial en la interfaz urbana-rural, evaluando las capacidades del territorio y las necesidades de desarrollo de las personas que lo habitan. Se debe a empezar a cuestionar la eficacia de los instrumentos de planificación territorial actuales, el rol que están cumpliendo los GORE, alcaldes y concejales en esta materia, como así también exigir que el Ministerio de Vivienda y Urbanismo tome cartas en el asunto, ya que no puede seguir desentendiéndose de un tema que está generando conflictos a nivel nacional. En el nuevo Chile, la expansión urbana debe comenzar a desarrollarse con responsabilidad socioambiental, y si se contempla lo señalado, el interés privado no debería estar por sobre el bien común.

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