La Diputada Ximena Ossandón y su hermano Manuel José Ossandón, son un caso curioso en la derecha tradicional, desde mucho antes del Estallido Social vienen señalando que hay país abandonado por el estado, por un clase política que perdió la conexión con la ciudadanía y su realidad.

Ambos se la han jugado por el apruebo entendiendo que es una herramienta para poder sentarse a conversar sobre el país que tenemos y cual quisiéramos construir.

Tomar esta decisión quizás no ha sido fácil porque existe un sector duro de la derecha que tomó esta postura como una traición a los principios ideológicos.

En el Plebiscito de 1989 una situación similar ocurrió cuando grupos Liberales y otros del Partido Nacional votaron por él NO, comprendiendo que el proceso era la oportunidad de sacar al país del Régimen Militar (Dictadura) por un proceso hacia la recuperación de la democracia

En el caso del Senador Ossandón, quien fue Alcalde de Puente Alto, tiene evidencia que existe un Chile, que no llega a todos y que muchos están olvidados en esos barrios de malas políticas de vivienda, conviviendo con el flagelo de la droga y una violencia impuesta como ley.

Por su parte, la Diputada Ossandón, ha enfatizado que la clase política debe salir de su zona de privilegio y que debemos hacernos cargos de ese país que muere esperando cama en un hospital, con malas pensiones, con bajos sueldos, con una educación débil y que viven en una realidad que no les da espacio para soñar.

Cambiando la constitución los problemas no se van a solucionar por arte de magia, pero es el punto de partida para empezar a crear un país más justo con todas y todos.

 

 

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