Teatro Cabala de La Florida cierra sus puertas para siempre

Un ciclo de 18 años de funcionamiento, actividad cultural, difusión y existencia llega a su fin.

Múltiples organizaciones sociales encontraron en el Teatro Cabala su espacio de inicio y funcionamiento. Toda una generación de jóvenes creció al ritmo de los talleres artísticos, y cientos de vecinos encontraron en nuestra Sala el espacio para celebrar sus fiestas familiares y vecinales.

Por nuestra Sala hicieron gala representaciones de teatro infantil y adulto, además de muchas expresiones de arte popular. Y surgieron organizaciones comunitarias, vecinales, ecológicas al calor del encuentro que significó el espacio abierto a las personas.

En la Sala-Teatro Cabala, hubo jornadas de cine-foro, conferencias, bingos, celebraciones institucionales, y memorables eventos al aire libre, como “Esperando el 18” o el encuentro artístico-cultural “Entre Amigos”, hitos masivos festejados anualmente en la calle.

La Sala fue, en su origen, la sede de la compañía Cábala, dirigida por el fundador del Teatro, Don Leonardo González Aguilar (Q.E.P.D), compañía que desarrolló una brillante labor artística en la propia Sala así como en otros espacios escénicos del país.

La instalación de la Sala constituyó una apuesta osada, sin dudas, especialmente en tiempos en que ya muchos espacios comunitarios y artísticos de perfil barrial estaban cerrando como consecuencia de un modelo político, económico y cultural que se venía imponiendo. Pero predominó un espíritu de romanticismo fundacional que se mantuvo por largos años en que las actividades se multiplicaron.

La Sala, fundada en un pequeño espacio, ganó durante 18 años un merecido prestigio de apertura, amplitud, tolerancia y transversalidad en todos los aspectos, tanto en el plano del arte, como en el social y hasta en el político.

Es así como la Sala se convirtió en el centro de encuentro y referencia de un territorio (o varios, en realidad), que ya se encontraba carente de espacios empoderados desde la participación, experiencia nostálgica de décadas anteriores en que las organizaciones sociales generaron plataformas de expresión que, por causa de la expansión del neoliberalismo, las dificultades de financiamiento, la privatización del arte, fueron irremediablemente, desapareciendo.

De alguna manera, la Sala-Teatro Cabala, su apertura, sus puertas abiertas, fue una quijotada extemporánea que se vio obligada a subsistir heroicamente en tiempos ya adversos, bajo gobiernos locales poco interesados en la participación ciudadana, y en una atmósfera donde la gestión cultural, otrora emancipadora y libertaria, ahora ya se había convertido en una producción de elite.

Por ello, el Teatro Cábala se erigió como el referente simbólico y ético en donde las personas pudieron reparar la histórica fractura entre lo común y el avasallador individualismo que ya dominaba en todas las esferas. La Solidaridad, fue la propuesta del Teatro Cabala frente al ciego consumismo predominante.

La Sala Teatro Cabala llegó a ser lo que sus fundadores quisieron: el domicilio-refugio de soñadores, un espacio independiente de cualquier influencia partidaria, generador de una poética de fértil convivencia.

El sorpresivo fallecimiento de nuestro fundador en 2015 fue un golpe fatídico para la gran familia ética que se había formado, que quiso continuar las actividades como un homenaje trascendente a quien había sustentado este proyecto con su generosidad y entrega.

En 2016 se formó la Fundación Cultural Leonardo González, en la misma sede, organización sin fines de lucro que mantuvo los objetivos educativos, culturales y sociales, tal como era el deseo de nuestro fundador. La Fundación quiso y logró mantener la magia del espacio, mantener despiertas las imaginaciones artísticas, continuar la obra creativa y recreativa que ha caracterizado al Teatro Cábala desde su nacimiento hace 18 años.

Se trató de una durísima lucha por la continuidad del principal legado y deseo de Don Leo: la participación, el arte, y el disfrute de los instantes de alegría que genera el trabajo colectivo.

Esa lucha ha sido dura y heroica porque Don Leo falleció sin alcanzar a explicitar legalmente la propiedad de la casa tras su partida. En la gestión de la Propiedad Efectiva, en los demandantes prevaleció el visionar la casa como “herencia” y destinarla a fines diferentes al de la voluntad artística y social de Don Leo.

Hoy, la casa donde fue construida la Sala, pasa a propiedad privada de otras manos, con otro destino, tras largo y extenuante despliegue legal. El Teatro Cabala se cierra definitivamente, sin apelación ética ni emocional alguna.

Quedarán en la memoria todas las alegrías, las satisfacciones, las amistades consolidadas al calor de lo que ha sido un notable trabajo comunitario, creativo e innovador. Y queda, por sobre todo, el reconocimiento a tantas personas voluntarias que hicieron de la Sala su foco de encuentro y realización al calor del arte en todas sus expresiones.

Quedará, por sobre todo, el Arte (con mayúsculas) de la amistad, la solidaridad y la valoración de lo que es más trascendente y simple: el amor al género humano y la confianza en su capacidad de superar las limitaciones para forjar una sociedad más culta, más participativa, más crítica y pensante, más integrada, más conocedora de sus potenciales creativos y sociales comunitarios.

Si la Sala-Teatro Cabala en algo aportó a estos ideales, quedamos satisfechos. Si las comunidades participantes y las que nacieron en la Sala, si cientos de alumnos y alumnas de talleres de todas las edades han aprendido que desde la amistad cívica, que desde el contraste de opiniones, que desde la diversidad de los lenguajes artísticos, y, que desde la convivencia es posible construir un mundo mejor…entonces, hemos cumplido con la Memoria de Don Leo.

Miguel Angel Vera S.

Loading...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *